El error más común al construir un antagonista es confundirlo con un villano.

Un villano hace el mal. Un antagonista se opone al protagonista. La diferencia parece técnica. No lo es.

El antagonista coherente

Cuando empecé a construir a Mateo Vidal Ortega —el antagonista de Combustión— tenía claro desde el principio que no podía ser un monstruo. No porque quiera suavizar la violencia. Sino porque un monstruo no explica nada.

Lo que quería era un personaje cuya lógica interna fuera impecable dentro de sus propias premisas. Un hombre que, partiendo de un conjunto de creencias que tiene sentido entender —aunque no compartir—, llega a conclusiones que resultan devastadoras para el mundo exterior.

La pregunta que me hice durante meses no fue ¿qué hace Mateo? Fue ¿cómo llegó Mateo a creer que lo que hace tiene sentido?

El momento de la bifurcación

Todos los personajes que me interesan tienen lo que yo llamo un momento de bifurcación: el punto en que, ante una situación límite, tomaron una decisión que los separó de lo que habrían sido de otro modo.

Ese momento rara vez es dramático desde fuera. Suele ser pequeño. Una elección que en el momento parecía razonable. Una línea cruzada sin percibir que era una línea.

«¿Cuándo cruzas una línea sin saber cuándo?»

Esta pregunta —que es el núcleo de Combustión— no habla solo del antagonista. Habla de cualquier persona que alguna vez ha mirado atrás y no ha encontrado el momento exacto en que las cosas cambiaron.

Por qué la empatía no es aprobación

Construir un antagonista con coherencia interna no significa justificar sus actos. Significa entender el mecanismo que los hace posibles.

Eso es lo que, en mi opinión, diferencia la literatura del thriller del entretenimiento puro: la disposición a hacer el trabajo incómodo de entender antes de condenar.

No para absolver. Para iluminar.

Los personajes que no tienen lógica interna —los que hacen el mal porque sí, porque son malos desde siempre— no nos dicen nada del mundo real. Porque en el mundo real, la gente que hace daño casi siempre tiene razones. Razones equivocadas, razones construidas sobre premisas falsas, razones que no justifican nada. Pero razones.

Ignorar esas razones es más cómodo. Pero es menos honesto.


El inspector Ferrán Alavedra y Mateo Vidal Ortega —los dos centros de gravedad de Combustión— aparecen por primera vez en el universo Moya Solà. Si quieres acceso anticipado antes del lanzamiento, el Círculo Interior es el lugar.